Category Archives: Opción por Dios

Eres el suelo en que apoyarme, eres el cielo al que mirar y respirar.

Un Dios pequeño: al margen de la historia

Este texto es la segunda parte de Un Dios pequeño.

Los misioneros jesuitas decían que cuando un indígena abandona a su Dios de madera, no es que no haya Dios, sino que Dios no era de madera. Esta descripción de la adhesión de una persona a un Dios, aunque no me gusta demasiado por su anacronismo y porque encierra cierta prepotencia del monoteísmo cristiano, lleva muchos años interrogándome. Cada crisis de fe, es un dejar el dios de madera para vislumbrar al “verdadero”, o la “verdadera” Diosa, o por intentar dejar a un lado el debate de quien es el verdadero, es una lucha por reconocer al Dios que libera, que es verdaderamente justo e imparcial, a mí con esto me vale.

Yo, en mi búsqueda incesante, en cada desierto, después de cada noche, y en cada cambio de perspectiva, voy encontrándome con alguien cada vez más pequeño. No es que sea pequeño en sí, porque el concepto de Dios pasa necesariamente por el ser inabarcable, infinito, inconmensurable. Lo que quiero expresar es que mi experiencia es de un Dios que se hace pequeño, y se queda al margen, porque así lo decide, son las reglas del juego que el mismo ha puesto, es el precio de la libertad.

La tradición familiar y comunitaria de la que provengo declara un Dios totalmente actuante en la historia, en mi historia, en mi familia, en mis circunstancias, pero esta imagen de Dios entra en contradicción numerosas veces: si así fuera, Dios sería parcial y totalmente injusto. Además, esta imagen de Dios vale cuando no miro más allá de mi ombligo, pero si saco la cabeza un poco más allá, este Dios se derrumba. Me ha costado muchos años liberarme de esa idea de Dios, pero mi cambio de mentalidad era absolutamente necesario si no quería que el Dios en que creía dejara de merecer la pena. Además, el ateísmo y el nihilismo (muy bien representado éste último, de manera un poco extrema y caricaturizado, en el personaje siniestro del programa televisivo ¡Vaya semanita!) no me convencen: nada es cierto, no hay certezas fundamentales. El pesimismo y la negatividad de éstos ante la cultura, la civilización, el progreso, el vacío de sentido no construyen para mi vida un horizonte ilusionante y digno de ser vivido. Al final descubres que la fe es sobre todo una opción: decido creer. Podría decidir no creer, pero prefiero el sentido al sinsentido, prefiero la confianza al abismo de la desconfianza. La filosofía reconoce que es tan probable como improbable que Dios exista, por tanto es en gran medida una cuestión de decisión y de orientar la vida: “es una libre oferta de sentido” (siguiendo a Kung). Pero si decido creer, ¿en que Dios o Diosa?.

¡Uf!, ¡qué chapa!, ¿no?. Pero si has llegado hasta aquí, ahora no te vas a desanimar, ¡venga!, lee un poquito más que ya están las conclusiones a la vuelta de la esquina.

Escrito por Toñi Villén.

Un Dios pequeño: en mi historia

Este texto es la tercera parte de Un Dios pequeño.

Después de tantos años de seguimiento, de oración, de celebraciones, de eucaristías, pascuas, encuentros, retiros, mi Dios o Diosa es pequeña, no interviene ni en mi historia, ni en la de nadie (en aras de la libertad), no me exige amor (cansada de tanto intentar corresponder al Amor de Dios en la oración), no me preserva DE los peligros, ni DEL fracaso, ni DEL sufrimiento, pero me preserva EN los peligros, me acompaña EN los fracasos y me sostiene EN el sufrimiento (siguiendo también aquí a Kung). Mi oración se ha vuelto menos emocional y más “distante”, libre y racional: ESTAMOS.

En definitiva, mi certeza es de que Alguien está presente, es amigo, y está conmigo. Es el Espíritu de Dios, y es el Espíritu de la libertad (o eso decía Pablo), de la esperanza y del futuro. Ese Ser pequeño, que no hace nada, que simplemente sufre y se solidariza, manda un mensaje: “¿qué puedes hacer tú?”, “Yo no voy a hacer nada, porque son las reglas del juego, Yo no intervengo en la historia, porque es una historia de libertad humana, pero si estoy en la historia, acompañando. Tú, en cambio, Toñi, sí estás en la historia y sí puedes intervenir en la historia, porque es la tuya, la de la humanidad, ¿qué vas a hacer tú?, ¿qué respuesta vas a dar al sufrimiento, al dolor, a la injusticia?”. ¡Pedazo de mensaje!, pero si acabo de decir que Dios no interviene y parece que tengo linea directa con Él…(je, je). Es mi manera de imaginarme la forma de estar de Dios en el mundo, traducida a diálogo, como hacía Platón.

Pero volviendo al “mensaje”, estas cosas pasan por preguntar, buscas culpables (¿Dios culpable del sufrimiento?, ¿inacción de Dios?), y acabas siendo tú la “responsable”, o cuando menos, acabas enmarronada. Pero, ¿qué pasa cuando el “enmarronamiento de Dios” puede ser el único portador de sentido y de felicidad?. Entonces las prioridades y las cosas importantes se van transformando, la oración se transforma, lo que podemos esperar de la naturaleza, de las personas y de la vida también. ¿Y la Iglesia de un Ser tan pequeño?… Mi opción por ese Dios-Diosa pequeña, mi adhesión, mi postura de creer que hay en el mundo espiritual alguien que te acompaña, al menos, como acompaño yo cuando tengo una presencia activa y verdadera (cosa que no siempre ocurre) con mis criaturas, me hace tener menos miedo, más esperanza, una mayor despreocupación por el futuro a sabiendas de que en las dificultades y en los momentos tristes y sombríos, seré reconfortada, acompañada y cogida en brazos. La raíz de la palabra fe en arameo (según la filóloga bíblica trilingüe Dolores Aleixandre) significa “llevar en brazos”. La acción espiritualiza, y la crianza también. Una vivencia muy significativa de la crianza para mí ha sido precisamente, tener a las criaturas en brazos. Cuando te separas de ellas sufres tú y sufren ellas, y cuando te reencuentras, se produce una fiesta, pero en cuanto les coges en brazos, se giran automáticamente y se dedican a observar el mundo y ha mirar con satisfacción y seguridad. Es que ni te miran a la cara, aunque hace unos segundos estuvieran locas de alegría por verte aparecer. Sin más saben que están con mamá y basta. Según ha comprobado la etología, hasta los dos años, la criatura no tiene claro si ella es ella sola o su mamá también o si las dos son la misma persona: cuando estoy contigo, ¡por fin soy YO!.

¿Alguien se ha sentido incómodo o incómoda al utilizar el vocablo Diosa para referirme al Dios cristiano?. Utilizar este vocablo no ha sido fruto de la inercia… feminista. Si alguien se ha sentido mal o le ha parecido que rebajaba a ese Dios a la condición femenina, pues tendremos que revisar el valor y la dignidad que nos concedemos a nosotras mismas y a las demás (y los chicos, por su parte, igualmente)…  Si no podemos aplicar a nuestra idea de Dios-Diosa rasgos femeninos, la situación es más grave de lo que parece. Mi utilización de las palabras no ha sido ingenua.

Pero bueno, por terminar, y resumiendo, “mi opción por Dios”, actual, es un “optar por creer” que él o ella me sostiene en brazos, significa “optar por ESTAR con él” en la oración, en las celebraciones, “optar por dar una RESPUESTA personal” a su pregunta: “¿Qué puedes hacer tú?”. Es optar por un proceso de LIBERACIÓN personal y social en clave de libertad, esperanza, alegría y futuro, acompañada y motivada por el Espíritu de Dios, y de Jesús (este es otro tema, el de la Trini) y es finalmente optar por una iglesia, una comunidad, en la que ese Espíritu está presente, acompaña y libera de manera comunitaria, a través del otro, porque soy yo en función de otro u otra. De momento, esta es mi opción, y en esto creo.

Escrito por Toñi Villén.

Un Dios pequeño

Dedicado con especial cariño a Maite Iglesias Baez.

Cuando elegí escribir sobre “mi opción por Dios”, lo elegí como lucha contra la pereza de sentarme a ordenar mis ideas y mis afectos en torno a este tema. Me encuentro en un periodo de resignificación y refundamentación del Dios en el que creo y esto es causa de que mi escrito no sea muy espiritual, ni muy evangélico, y sí más filosófico (lo siento por los y las alérgicas a la filosofía), pero bueno, ¡es lo que hay!

Cada vez estoy más convencida de que el Dios, o la Diosa (¿por qué no?) del Evangelio, es alguien pequeño, o pequeña. No hace nada, no arregla nada, no cambia nada, simplemente se solidariza, empatiza con el ser humano y está a su lado. Ese estar al lado, como estamos nosotras y nosotros, amas y aitas, al lado de nuestras criaturas mientras crecen, puede parecer poca cosa, incluso una pérdida de tiempo ¡con todas las cosas que hay que hacer en una casa!, como dirían las abuelas.

Pero para quienes sabemos experiencialmente lo que esto significa, ese estar al lado, el estar presentes, el acompañarles en cada uno de sus pasos, el tener una presencia activa y verdadera (como dice la psicología evolutiva), y no estar presentes pero desconectados (limpiando, lavando, cocinando, leyendo, viendo la tele…), puede SERLO TODO y con consecuencias PARA TODA LA VIDA. Este verano he vivido experiencias de sufrimiento y dolor, y cuando pensaba en Dios, sólo me salía pedirle: “estate al lado”, “acompaña”, “sostén”, “coge en brazos”, “consuela”, simplemente, “si es todo lo que puedes hacer, hazlo al menos”.

Mi petición era un poco exigente, pero a mí, mis criaturas también me exigen, ¡y vaya que si lo hacen!. Hay días que oigo mi nombre más de 200 veces, literal, y la mayoría de ellas es para acompañar, estar, mirar, apoyar, animar, observar, reírme, dar teta (que la mayoría de las veces es algo más emocional que nutricio).

Pero bueno, si quieres saber más de mi experiencia sobre Dios y de mis reflexiones sobre el Dios en el que puedo creer, sigue leyendo: ¡adelante!

Escrito por Toñi Villén.