Tag Archives: Cuaresma

Cada mañana

Parábola del Padre Bueno.

Cada mañana sales al balcón
y oteas el horizonte
por ver si vuelvo.

Cada mañana bajas saltando las escaleras
y echas a correr por el campo
cuando me adivinas a lo lejos.

Cada mañana me cortas la palabra
y te abalanzas sobre mí
y me rodeas con un abrazo redondo
el cuerpo entero.

Cada mañana contratas la banda de músicos
y organizas una fiesta por mí
por el ancho mundo.

Cada nañana me dices al oído
con voz de primavera:
Hoy puedes empezar de nuevo.

Déjala un poco más

Dos oraciones sobre el episodio de la Higuera:

No es la primera vez que vienes
y que la higuera muestra sus hojas arrogante
-verdes, grandes, ásperas, sin fruto-,
engañándote.

Sabes que ocupa terreno fértil,
que sudaste y te deslomaste cuidándola
para que diera los higos mejores,
inútilmente.

Y aunque tienes ganas de cortarla,
tu corazón hortelano se resiste.

Le cavarás la tierra,
le echarás abono nuevamente…

Hablo robándote las palabras
que me dijiste al encontrarme
e invitarme a tu causa y buena nueva
urgentemente.

Déjala un poco más.
Déjanos un poco más.
Déjame un poco más,
Señor,
y cuídame.

Ulibarri Fl.

No te canses, Señor, espera otros tres años más, o los que sean necesarios.

Yo hoy soy higuera que no da fruto, que sólo aparenta y está llena de espléndidas hojas y grandes ramas. Sé que vienes una y otra vez a mí, buscando el fruto, el resultado de la semilla que colocaste un día lejano. Aún no, mi pereza, mi infidelidad, mi miedo… tantos obstáculos coloco que es imposible que la tu savia me nutra de verdad hasta que explote mi vida en un fruto.

Pero sé que eres paciente hortelano más que guardián ávido de encontrar resultados. También sé que tu sueño es que yo dé fruto, grande o pequeño, sé que tu deseo es que de mí brote un surtidor de vida.

En ocasiones soy higuera estéril, pero tú riegas con paciencia, y le pides al tiempo y a la existencia que prolongue los minutos para que yo me dé cuenta y reverdezca y brote. No me pides cuentas, no crees que ocupe un espacio que hago inútil.

Será mi propio camino, mi propio esfuerzo quien marque el resultado de mi vida.

Pero tú continúa viniendo a mi tierra, observando amorosamente si despuntan mis brotes. Te paciencia, no te canses, en lo oscuro del invierno está escondida la semilla de la primavera.

Monasterio de la Trinidad, Suesa

Las tentaciones – Lc. 4,1-13

Este primer domingo de Cuaresma se propone el episodio de las tentaciones. Y para poder profundizar un poco, dejamos aquí un par de reflexiones sobre él.

Una, de J. A. Pagola

En la primera tentación, Jesús renuncia a utilizar a Dios para «convertir» las piedras en panes y saciar así su hambre. No seguirá ese camino. No vivirá buscando su propio interés. No utilizará al Padre de manera egoísta. Se alimentará de la Palabra viva de Dios. Sólo «multiplicará » los panes para alimentar el hambre de la gente.

Ésta es probablemente la tentación más grave de los cristianos de los países ricos: utilizar la religión para completar nuestro bienestar material, tranquilizar nuestras conciencias y vaciar nuestro cristianismo de compasión, viviendo sordos a la voz de Dios que nos sigue gritando ¿dónde están vuestros hermanos?

En la segunda tentación, Jesús renuncia a obtener «poder y gloria» a condición de someterse como todos los poderosos a los abusos, mentiras e injusticias en que se apoya el poder inspirado por el «diablo». El reino de Dios no se impone, se ofrece con amor. Sólo adorará al Dios de los pobres, débiles e indefensos.

En estos tiempos de pérdida de poder social es tentador para la Iglesia tratar de recuperar el «poder y la gloria» de otros tiempos pretendiendo incluso un poder absoluto sobre la sociedad. Estamos perdiendo una oportunidad histórica para entrar por un camino nuevo de servicio humilde y de acompañamiento fraterno al hombre y a la mujer de hoy, tan necesitados de amor y de esperanza.

En la tercera tentación, Jesús renuncia a cumplir su misión recurriendo al éxito fácil y la ostentación. No será un mesías triunfalista. Nunca pondrá a Dios al servicio de su vanagloria. Estará entre los suyos como el que sirve.

Siempre será tentador para algunos utilizar el espacio religioso para buscar reputación, renombre y prestigio. Pocas cosas son más ridículas en el seguimiento a Jesús que la ostentación y la búsqueda de honores. Hacen daño a la Iglesia y la vacían de verdad.

Y otra, de Juan Zapatero

En este fragmento Lucas nos presenta el pasaje bien conocido de las tentaciones que Jesús experimentó en el desierto. Tanto Mateo como Lucas coinciden en los mismos tipos de tentaciones a las que fue sometido: hacer el milagro de que las piedras se convirtieran en panes, adorar al diablo para conseguir todos los reinos de la tierra, y provocar el milagro por parte de Dios para que le salvara una vez se hubiera tirado de arriba abajo desde el pináculo del templo de Jerusalén. Esto es, ni más ni menos, lo que encontramos.

Por otra parte, si repasamos toda la vida pública de Jesús, tal y como nos la presentan concretamente los dos evangelistas que acabo de mencionar, normalmente las advertencias de Jesús respecto a posibles factores que puedan impedirnos avanzar por el camino del Reino van en la línea del dinero. Valga recordar, por ejemplo, el caso del joven rico, o de aquel otro hombre que amplió sus graneros para amontonar la gran cosecha que había obtenido ese año y dedicarse a vivir y a disfrutar, el caso de Zaqueo, el caso del rico Epulón y el pobre Lázaro y, lo que aparece todavía de manera más clara y rotunda, cuando dijo: “No podéis servir a Dios y al dinero”.

“Si eres hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan”. Esta expresión me está sugiriendo el dinero fácil. Y quien dice el dinero, puede decir todo lo que el dinero suele llevar tras de sí, como es el hecho de pensar exclusivamente en uno mismo, buscar el triunfo personal de la manera que sea, es decir, sin mirar el daño que podemos hacer a otros, utilizando todo tipo de influencias, hacer las trampas que hagan falta, montar los “pelotazos” que hagan falta con la única pretensión de enriquecernos lo máximo a costa del mínimo esfuerzo y, como no puede ser de ‘otra manera, a costa de otros que sí tendrán que esforzarse, etc.

“Todo este reino me ha sido confiado, si me adoras, todo será tuyo”. Resulta curioso observar cómo en una época donde las creencias en general están en descrédito, nunca el dinero había sido tan endiosado como hoy día.
Por el dinero somos capaces de hacer cualquier cosa. ¿Cuántas familias no viven enfrentadas precisamente por el dinero?: Hijos que no hablan los padres, hermanos que se odian entre sí, traiciones entre amigos de toda la vida.
Se acabó ya el hecho que sean los gobiernos los que mandan, si es que han mandado alguna vez. Lo hemos visto en esta última crisis del capitalismo: como la mayor parte de los gobiernos del mundo occidental han tenido que arrodillarse ante la Banca y darle todo lo que pedía si no querían exponerse a través de ella a males mayores.

“Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí. Dios ha dado orden a sus ángeles para que no te hagas daño”.
Aunque parezca paradójico también hemos querido a lo largo del tiempo y seguimos haciéndolo aún el hecho de comprar Dios. Nos cuesta salir de nuestras concepciones meritorias de la vida y acercarnos un poco más a la concepción amorosa y misericordiosa de Dios.
Queremos comprar con nuestras prácticas religiosas, con nuestras obras de caridad, con nuestras devociones, etc., Como si a Él le hiciera falta todo esto y más, para amarnos por lo que somos, en vez de hacerlo por lo que hacemos.