Esta es la reflexión del servicio diocesano de Animación Bíblica de la Pastoral (ABP)
Tu PALABRA me da vida (Domingo I Cuaresma (A))
Esta es la reflexión del servicio diocesano de Animación Bíblica de la Pastoral (ABP)
Tu PALABRA me da vida (Domingo I Cuaresma (A))
Imagino este mes largo como el camino que hacían los/as judíos/as… que hizo el mismo Jesús, hacia Jerusalem… Les imagino cuando iban acercándose, con el corazón latiendo cada noche más fuerte que la anterior, pensando en lo que encontrarían al llegar. Llenos/as de alegría por el camino recorrido, agradecidos/as por las personas encontradas en el camino…
Y me imagino… nos imagino de igual forma, avanzando día a día, salvando obstáculos, nuestros propios obstáculos, nuestra dureza de mente, nuestras dudas… Llenos/as de alegría por el camino recorrido, agradecidos/as por las personas que vamos encontrando, que van compartiendo con nosotros/as nuestros logros y nuestras derrotas…
Y pienso en Jesús, preocupado, atormentado… pero al mismo tiempo, resuelto y decidido a continuar, a anunciar el mensaje completo, costase lo que costase… aunque tuviera que pagar con su vida!
En una oración en la parroquia, recordamos la unción de Jesús con perfume de nardo, que el evangelio de Juan sitúa en Betania, en casa de Lázaro, Marta y María, después de la resurrección de Lázaro.
Pero debemos recordar que días después, Jesús alcanzará Jerusalem, será aclamado, reprochará la utilización del templo y finalmente, será condenado “para salvar al pueblo”.
Hace tiempo, María y José Ignacio López Vigil escribieron una adaptación del Evangelio para radio, llamada Un tal Jesús. Os incluyo aquí los episodios correspondientes a los días que llegan:
Apura el camino hasta Jerusalem… nos veremos junto a la cruz?
P.D.: El dibujo es de Fano.
Lo tuyo, Señor, no es condenar sino salvar. Ayúdanos en tu misión.
Que no confundamos tu voluntad con nuestras normas o tradiciones.
Que respetemos la libertad creadora, no contraria al evangelio,
que seamos capaces de descubir la bondad de toda persona.
Que no juzguemos la intimidad de nadie.
Que animemos a no hacer daño a nadie y a caminar en el amor.
Que no condenemos. Que acojamos y liberemos.
Que no hocemos en el estercolero de las miserias propias o ajenas,
sino, más bien, escarbemos en la misericoria divina.
Como lo hacías tú, Señor y Dios nuestro.
Rufo González Pérez
Reflexión para el evangelio del Domingo.
Parábola del Padre Bueno.
Cada mañana sales al balcón
y oteas el horizonte
por ver si vuelvo.
Cada mañana bajas saltando las escaleras
y echas a correr por el campo
cuando me adivinas a lo lejos.
Cada mañana me cortas la palabra
y te abalanzas sobre mí
y me rodeas con un abrazo redondo
el cuerpo entero.
Cada mañana contratas la banda de músicos
y organizas una fiesta por mí
por el ancho mundo.
Cada nañana me dices al oído
con voz de primavera:
Hoy puedes empezar de nuevo.
Dos oraciones sobre el episodio de la Higuera:
No es la primera vez que vienes
y que la higuera muestra sus hojas arrogante
-verdes, grandes, ásperas, sin fruto-,
engañándote.Sabes que ocupa terreno fértil,
que sudaste y te deslomaste cuidándola
para que diera los higos mejores,
inútilmente.Y aunque tienes ganas de cortarla,
tu corazón hortelano se resiste.Le cavarás la tierra,
le echarás abono nuevamente…Hablo robándote las palabras
que me dijiste al encontrarme
e invitarme a tu causa y buena nueva
urgentemente.Déjala un poco más.
Déjanos un poco más.
Déjame un poco más,
Señor,
y cuídame.
Ulibarri Fl.
No te canses, Señor, espera otros tres años más, o los que sean necesarios.
Yo hoy soy higuera que no da fruto, que sólo aparenta y está llena de espléndidas hojas y grandes ramas. Sé que vienes una y otra vez a mí, buscando el fruto, el resultado de la semilla que colocaste un día lejano. Aún no, mi pereza, mi infidelidad, mi miedo… tantos obstáculos coloco que es imposible que la tu savia me nutra de verdad hasta que explote mi vida en un fruto.
Pero sé que eres paciente hortelano más que guardián ávido de encontrar resultados. También sé que tu sueño es que yo dé fruto, grande o pequeño, sé que tu deseo es que de mí brote un surtidor de vida.
En ocasiones soy higuera estéril, pero tú riegas con paciencia, y le pides al tiempo y a la existencia que prolongue los minutos para que yo me dé cuenta y reverdezca y brote. No me pides cuentas, no crees que ocupe un espacio que hago inútil.
Será mi propio camino, mi propio esfuerzo quien marque el resultado de mi vida.
Pero tú continúa viniendo a mi tierra, observando amorosamente si despuntan mis brotes. Te paciencia, no te canses, en lo oscuro del invierno está escondida la semilla de la primavera.
Monasterio de la Trinidad, Suesa