Dejad que entre el Espíritu

Dejad que entre el Viento
y que se lleve, si quiere,
a obispos y presbíteros
con sus cátedras y pergaminos,
y a todos los cristeros
que andan sueltos o en movimientos
¡Dejad que entre el Espíritu!

Dejad que sople el Viento
y que penetre, con suavidad o ímpetu,
en vuestros espacios más íntimos.
Dejad vuestras ventanas abiertas
y acoged el susurro y el eco
de su danza en movimiento
que os revela mi amor gratuito.

Y si hace desaparecer el edificio
no tengáis miedo;
más bien alegraos de lo que estáis viendo,
pues él es nuestro refugio
y a la sombra de sus alas
encontraremos la paz
y el gozo perdidos.

¡Dejad que entre el Espíritu!
Pero… ayudadle, desde dentro,
rompiendo los cerrojos.

Florentino Ulibarri, recibido del Monasterio Trinitario de Suesa.

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