¿Te cuento un cuento?
¿Sabes que hace muuuuuuuuuuuucho, mucho tiempo, Dios pegó un brinco, se caló la gorra (la de cuadros), se puso unas botas y cogió un palo y comenzó a caminar? ¿No lo sabes?
Empezó a caminar, dejó abierta la puerta de su casa (en realidad no tiene cerradura) y … siguió caminando.
El trayecto fue largo, o fue corto, y el paisaje fue bonito o fue feo… pero él seguía caminado,
unas veces se detenía y otras no, pero seguía caminando,
a veces sentía sed y otras sentía hambre pero continuaba avanzando… hasta que llegó.
Se dio de bruces con una puerta, que sí tenía cerradura, llamó y se dispuso a esperar.
No se sentó, quería estar alerta por si oía pasos al otro lado.
Volvió a llamar: “si alguien me oye y me abre…”, decía en voz no muy alta, por no molestar.
Un día la puerta se abrió, él entró, sin sorprenderse, como si ya conociera el lugar, “claro que lo conozco, lo he hecho yo”.
Ahí sí que se descalzó, se puso cómodo y se quedó.
El lugar se llenó de paz.
Un día Dios pegó un brinco, se caló la gorra (la de cuadros), se puso unas botas y cogió un palo y comenzó a caminar… hasta llegar a tu corazón.
Recibido de las Monjas Trinitarias de Suesa
La imagen es de Fano.