Perdón y ternura

Lo tuyo, Señor, no es condenar sino salvar. Ayúdanos en tu misión.

Que no confundamos tu voluntad con nuestras normas o tradiciones.
Que respetemos la libertad creadora, no contraria al evangelio,
que seamos capaces de descubir la bondad de toda persona.

Que no juzguemos la intimidad de nadie.
Que animemos a no hacer daño a nadie y a caminar en el amor.

Que no condenemos. Que acojamos y liberemos.
Que no hocemos en el estercolero de las miserias propias o ajenas,
sino, más bien, escarbemos en la misericoria divina.

Como lo hacías tú, Señor y Dios nuestro.

Rufo González Pérez

Reflexión para el evangelio del Domingo.

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