Un Dios pequeño

Dedicado con especial cariño a Maite Iglesias Baez.

Cuando elegí escribir sobre “mi opción por Dios”, lo elegí como lucha contra la pereza de sentarme a ordenar mis ideas y mis afectos en torno a este tema. Me encuentro en un periodo de resignificación y refundamentación del Dios en el que creo y esto es causa de que mi escrito no sea muy espiritual, ni muy evangélico, y sí más filosófico (lo siento por los y las alérgicas a la filosofía), pero bueno, ¡es lo que hay!

Cada vez estoy más convencida de que el Dios, o la Diosa (¿por qué no?) del Evangelio, es alguien pequeño, o pequeña. No hace nada, no arregla nada, no cambia nada, simplemente se solidariza, empatiza con el ser humano y está a su lado. Ese estar al lado, como estamos nosotras y nosotros, amas y aitas, al lado de nuestras criaturas mientras crecen, puede parecer poca cosa, incluso una pérdida de tiempo ¡con todas las cosas que hay que hacer en una casa!, como dirían las abuelas.

Pero para quienes sabemos experiencialmente lo que esto significa, ese estar al lado, el estar presentes, el acompañarles en cada uno de sus pasos, el tener una presencia activa y verdadera (como dice la psicología evolutiva), y no estar presentes pero desconectados (limpiando, lavando, cocinando, leyendo, viendo la tele…), puede SERLO TODO y con consecuencias PARA TODA LA VIDA. Este verano he vivido experiencias de sufrimiento y dolor, y cuando pensaba en Dios, sólo me salía pedirle: “estate al lado”, “acompaña”, “sostén”, “coge en brazos”, “consuela”, simplemente, “si es todo lo que puedes hacer, hazlo al menos”.

Mi petición era un poco exigente, pero a mí, mis criaturas también me exigen, ¡y vaya que si lo hacen!. Hay días que oigo mi nombre más de 200 veces, literal, y la mayoría de ellas es para acompañar, estar, mirar, apoyar, animar, observar, reírme, dar teta (que la mayoría de las veces es algo más emocional que nutricio).

Pero bueno, si quieres saber más de mi experiencia sobre Dios y de mis reflexiones sobre el Dios en el que puedo creer, sigue leyendo: ¡adelante!

Escrito por Toñi Villén.

2 Responses to Un Dios pequeño

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