Un Dios pequeño: en mi historia

Este texto es la tercera parte de Un Dios pequeño.

Después de tantos años de seguimiento, de oración, de celebraciones, de eucaristías, pascuas, encuentros, retiros, mi Dios o Diosa es pequeña, no interviene ni en mi historia, ni en la de nadie (en aras de la libertad), no me exige amor (cansada de tanto intentar corresponder al Amor de Dios en la oración), no me preserva DE los peligros, ni DEL fracaso, ni DEL sufrimiento, pero me preserva EN los peligros, me acompaña EN los fracasos y me sostiene EN el sufrimiento (siguiendo también aquí a Kung). Mi oración se ha vuelto menos emocional y más “distante”, libre y racional: ESTAMOS.

En definitiva, mi certeza es de que Alguien está presente, es amigo, y está conmigo. Es el Espíritu de Dios, y es el Espíritu de la libertad (o eso decía Pablo), de la esperanza y del futuro. Ese Ser pequeño, que no hace nada, que simplemente sufre y se solidariza, manda un mensaje: “¿qué puedes hacer tú?”, “Yo no voy a hacer nada, porque son las reglas del juego, Yo no intervengo en la historia, porque es una historia de libertad humana, pero si estoy en la historia, acompañando. Tú, en cambio, Toñi, sí estás en la historia y sí puedes intervenir en la historia, porque es la tuya, la de la humanidad, ¿qué vas a hacer tú?, ¿qué respuesta vas a dar al sufrimiento, al dolor, a la injusticia?”. ¡Pedazo de mensaje!, pero si acabo de decir que Dios no interviene y parece que tengo linea directa con Él…(je, je). Es mi manera de imaginarme la forma de estar de Dios en el mundo, traducida a diálogo, como hacía Platón.

Pero volviendo al “mensaje”, estas cosas pasan por preguntar, buscas culpables (¿Dios culpable del sufrimiento?, ¿inacción de Dios?), y acabas siendo tú la “responsable”, o cuando menos, acabas enmarronada. Pero, ¿qué pasa cuando el “enmarronamiento de Dios” puede ser el único portador de sentido y de felicidad?. Entonces las prioridades y las cosas importantes se van transformando, la oración se transforma, lo que podemos esperar de la naturaleza, de las personas y de la vida también. ¿Y la Iglesia de un Ser tan pequeño?… Mi opción por ese Dios-Diosa pequeña, mi adhesión, mi postura de creer que hay en el mundo espiritual alguien que te acompaña, al menos, como acompaño yo cuando tengo una presencia activa y verdadera (cosa que no siempre ocurre) con mis criaturas, me hace tener menos miedo, más esperanza, una mayor despreocupación por el futuro a sabiendas de que en las dificultades y en los momentos tristes y sombríos, seré reconfortada, acompañada y cogida en brazos. La raíz de la palabra fe en arameo (según la filóloga bíblica trilingüe Dolores Aleixandre) significa “llevar en brazos”. La acción espiritualiza, y la crianza también. Una vivencia muy significativa de la crianza para mí ha sido precisamente, tener a las criaturas en brazos. Cuando te separas de ellas sufres tú y sufren ellas, y cuando te reencuentras, se produce una fiesta, pero en cuanto les coges en brazos, se giran automáticamente y se dedican a observar el mundo y ha mirar con satisfacción y seguridad. Es que ni te miran a la cara, aunque hace unos segundos estuvieran locas de alegría por verte aparecer. Sin más saben que están con mamá y basta. Según ha comprobado la etología, hasta los dos años, la criatura no tiene claro si ella es ella sola o su mamá también o si las dos son la misma persona: cuando estoy contigo, ¡por fin soy YO!.

¿Alguien se ha sentido incómodo o incómoda al utilizar el vocablo Diosa para referirme al Dios cristiano?. Utilizar este vocablo no ha sido fruto de la inercia… feminista. Si alguien se ha sentido mal o le ha parecido que rebajaba a ese Dios a la condición femenina, pues tendremos que revisar el valor y la dignidad que nos concedemos a nosotras mismas y a las demás (y los chicos, por su parte, igualmente)…  Si no podemos aplicar a nuestra idea de Dios-Diosa rasgos femeninos, la situación es más grave de lo que parece. Mi utilización de las palabras no ha sido ingenua.

Pero bueno, por terminar, y resumiendo, “mi opción por Dios”, actual, es un “optar por creer” que él o ella me sostiene en brazos, significa “optar por ESTAR con él” en la oración, en las celebraciones, “optar por dar una RESPUESTA personal” a su pregunta: “¿Qué puedes hacer tú?”. Es optar por un proceso de LIBERACIÓN personal y social en clave de libertad, esperanza, alegría y futuro, acompañada y motivada por el Espíritu de Dios, y de Jesús (este es otro tema, el de la Trini) y es finalmente optar por una iglesia, una comunidad, en la que ese Espíritu está presente, acompaña y libera de manera comunitaria, a través del otro, porque soy yo en función de otro u otra. De momento, esta es mi opción, y en esto creo.

Escrito por Toñi Villén.

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