La oración se concentra en [...] mi realidad personal y lo inmediato a ella. La auténtica oración nos lanza a salir de “mi realidad” a “la realidad”.
He visto este texto en Gestación, un artículo de ecleSALia, y he pensado compartir con vosotr@s una reflexión sobre este tema.
Si intentamos resolver con la oración aquellos problemas que podamos tener… convertimos a Dios en una especie de chapuzillas o chico-para-todo que nos resuelve lo mismo un roto que un descosido.
Un texto que me evoca es el de las bodas de Caná, donde María está atenta a “la realidad” y se lo hace saber a Jesús.
No tienen vino (Jn 2,3)
Además, María no propone una solución. No le dice: “Oye, mira si puedes hacer un milagrito y les sacas un poco de vino de la chistera”. Su confianza llega hasta poner en manos de Jesús a los sirvientes diciendo:
Haced lo que Él os diga (Jn 2,5)
Podríamos decir (como hace el artículo) que son muchas las situaciones de necesidad que nos rodean, o que nosotr@s somos pequeñ@s y nos sobrepasan… Pero en cierta manera, son responsabilidad nuestra también.
¿Dónde está tu hermano? (Gn 4,9)
Basta estar atent@s, abrir los ojos… y si alguna situación llama a nuestra puerta, tomarla en nuestras manos… y en nuestra oración.
Y Dios sobresaltado nos oprime
el pulso, grave, mudo,
y como padre a su pequeña,
apenas,
pero apenas, entreabre los sangrientos algodones
y entre sus dedos toma la esperanza
Texto de César Vallejo, tomado de una reflexión de Dolores Aleixandre en FAST.