Te damos gracias, Padre, por tu amor.
Porque, aunque a veces te rehuyamos,
siempre sales a nuestro encuentro.
Porque nos das unos hermanos y hermanas que nos aman y se preocupan por nosotros,
cuando tantas veces vivimos encerrados en nosotros mismos.
Porque a nuestras negaciones respondes con tu perdón y acogida.
Y gracias también porque aunque capaz de traicionarte,
nos haces capaces también de amar despreocupándonos de nosotros mismos,
de acudir a tu encuentro, de abandonarnos en tus brazos,
de entregarnos a Ti.
Gracias, porque en estas vasijas de barro
has puesto un tesoro